Salgo corriendo de la tienda, con el vestido de novia puesto, el pelo al aire y unas ganas locas de gritar:
- ¿Mike? - Me ha oído, se gira y entonces ahí esta. Bello, hermoso, como siempre. No esperaba que fuera yo, ni si quiera lo había imaginado. Y así antes de que diga nada, antes de que la dueña del vestido me ruegue que entre de nuevo o que haya un accidente, un sonido ensordecedor que pueda romper el momento, le abrazo. Le abrazo tan fuerte como antes. Como si nunca se hubiera marchado, como si no hubiera tenido que elegir y lo disfruto.
Que gran texto! relatas muy bien jejjejej besitos desde:
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Teespero♥ Gran blog el tuyo